Crece la polémica sobre la libertad de expresión de la que gozarán los atletas durante los Juegos de Pekín.
Cuando faltan 170 días para su comienzo, los Juegos Olímpicos de Pekín ya generan una creciente avalancha de información; tan multifacético acontecimiento empieza a abordarse desde cientos de puntos de vista, y uno de ellos está levantando una polémica que se extiende fronteras adentro y -especialmente- afuera de China. El grado de libertad de que gozarán los atletas para expresarse sobre cuestiones políticas durante los Juegos, en un país objetado por sus restricciones sobre los derechos individuales y los excesos de su régimen, provoca polémicas en aumento y riesgosas tomas de posición.
Disparadores recientes del tenso debate hubo varios. La decisión del comité olímpico británico de hacerles firmar a sus atletas una cláusula que les prohibiría realizar comentarios delicados durante los Juegos generó una dura oposición de organismos de derechos humanos que obligó a una marcha atrás ("no hay intención de amordazar a nadie", se apuraron en aclarar). En rigor, se presume que otras entidades del movimiento olímpico europeo guardan o guardaban la misma intención, lo que dio lugar a un incontenible reguero de reacciones. Hoy, casi no pasa un día sin que un comité olímpico nacional aclare su posición al respecto.
Ultimamente se extiende la fila de quienes toman posición en el tema. Según los comités de sus respectivos países, los atletas suecos y los franceses no sufrirán censura alguna, por ejemplo. En Noruega, la opción por la libertad de opinión es activa: las autoridades animan a los deportistas a expresarse. Ayer, el comité italiano creyó conveniente aclarar que "no hubo ni habrá presión sobre los atletas para disuadirlos de abogar sobre los derechos humanos", y en Nueva Zelanda, al igual que en el Reino Unido, se decidió dejar de lado una cláusula prohibitiva.
Otro foco de resonancia se había abierto por un hecho con fuerte rebote mediático: la renuncia del realizador Steven Spielberg a colaborar en la ceremonia de apertura, en protesta por lo que considera una actitud pasiva de China sobre el conflicto de Darfur -una zona de Sudán azotada por la limpieza étnica sobre la que, según el cineasta y muchos otros observadores, el país asiático podría presionar desde su condición degran inversor petrolero-. Un golpe de imagen para los Juegos, que los anfitriones buscaron neutralizar. "China lamenta los comentarios del señor Spielberg... No queremos que un acontecimiento como los Juegos se vea perturbado por problemas políticos", se retrucó desde el Ministerio de Relaciones Exteriores chino.
Pero la ola de reclamos reconoce muchos más motivos y más suscriptores. Hace poco, unas ochenta personalidades, entre ellas premios Nobel de la Paz, políticos y campeones olímpicos, le enviaron una carta al presidente chino, Hu Jintao, con una fuerte crítica al respecto. El príncipe Carlos, de Inglaterra, anunció que no irá a la ceremonia de apertura.
Semejante amenaza movió al presidente de la entidad rectora del mundo olímpico, el belga Jacques Rogge, a una respuesta fuerte: "No hay que pedir que el COI arregle todos los problemas del mundo", dijo, y anunció que quien utilice los Juegos como tribuna política será sancionado. El mes último, Rogge recibió en la sede de la entidad, en Lausana, Suiza, a Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU, de nacionalidad china; convinieron estrechar la colaboración, lo cual está conectado con la problemática. El punto reglamentario sobre el que gira la cuestión es el artículo 61.1 de la Carta Olímpica, que sostiene: "No se autorizará demostración o propaganda política, religiosa o racial alguna en las instalaciones olímpicas". Una norma maleable para interpretaciones según el gusto de cada uno, pero que no parece referirse a las expresiones individuales y personales de los atletas. El debate promete florecer y tensarse a medida que se acerque el 8 de agosto.
Un partido holandés pide boicot
El partido político más pequeño de la coalición gobernante en Holanda llamó a concretar un boicot en la ceremonia de apertura de los Juegos de Pekín como rechazo a la política china sobre derechos humanos.