En un post de diciembre de 2006 les conté algunas características de los empresarios de mi barrio allá por los años setenta, aquellos dueños de fábricas textiles, aserraderos o corralones de materiales... ¿se acuerdan?... sí, esos gordos en Ford Fairline, siempre con papeles en la mano, el cigarrillo colgando de los labios, cara de pocos amigos, el infarto a la vuelta de la esquina y que trabajaban de sol a sol como única verdad del progreso de sus compañías.
En los noventa, menemismo mediante, el perfil cambió radicalmente (valga la paradoja lingüística) Ahí descubrimos a un regimiento de nuevos empresarios, recibidos de licenciados en marketing o en administración, delgados, elegantes, que ahora toman cafecitos en lindas confiterías, pululan por Palermo y andan muy preocupados por la estética y el fitness (algunos hasta se tatuaron el cuello)
Aunque en el aspecto estético la cosa cambió bastante, en cuestiones de fondo todo siguió igual, es decir, la de trabajar casi de sol a sol para defender los negocios.
Todo este prólogo viene a cuento porque el sábado leí un artículo publicado en el New York Times acerca de las nuevas tendencias que existen en Estados Unidos -sobre todo a nivel de corporaciones- para poder disfrutar más del tiempo.
Un tal Timothy Ferriss, gurú de una nueva movida, intenta reducir la jornada de trabajo en las que están comprometidos los nuevos yuppies a sólo cuatro horas semanales.
En su teoría el joven Ferriss explica que hay que cambiar la forma de pensar la vida empresarial, eliminando la mayor parte de los empleados y estructuras fijas, tercerizando el trabajo (y sigo con el tema) con axuliares eventuales.
Ferriss también dice que es fundamental contratar a un secretario, o varios, para que se encarguen de contestar los e-mails, los llamados telefónicos y, sobre todo, hacer una lista diaria para ordenar las actividades.
Recordemos a Nicholas Negroponte, con su libro ?Ser digital? -allá por mediados de los años noventa- en donde anticipaba la invasión de nuevas tecnologías en la vida de la gente. Entre otras tantas cosas afirmaba que el tiempo de las personas iba a empezar a escasear con el crecimiento de las comunicaciones.
Entre semejantes genios me permito colar una humilde teoría de mi propia cosecha a raíz de las quejas de toda la gente a la que no atiendo por teléfono y me dejan mensajes amenazantes. Mi teoría dice que si uno recibe como mínimo unos seis llamados por hora, y se dedica a atenderlos como corresponde -digamos cinco minutos por llamado- estaríamos ocupando precisamente treinta minutos por hora en hablar por teléfono. Por consiguiente dispondríamos casi de la mitad del tiempo para poder hacer nuestras tareas? a menos que estemos a cargo de un conmutador, obvio.
En la India existe una empresa llamada Ask Sunday de origen norteamericano pero, por cuestiones financieras, con sede en la tierra de Gandhi, que se dedica exclusivamente a manejar los asuntos privados de quienes los contratan. El servicio incluye desde organizar reservas en restaurantes, hoteles, sacar entradas para All Boys vs. Dep. Merlo, pasajes, turnos de médicos, hasta clases particulares para alumnos vagos.
Todo esto por la módica suma de 29 dólares.
No sería nada descabellado pensar que en un futuro haya gente que ande por la vida sin tener ni idea de las cosas que le suceden porque todos sus asuntos se los manejarán terceros, incluidos los privados como los llamados de teléfono y los emails.
Es como una especie de ?virtualidad? humana, en donde imaginamos que el fulano en cuestión existe y está a pleno en sus cosas. Supongamos a Adrián Suar, mandando correos electrónicos, contratando gente, haciendo cambios en la programación del canal, enviando regalos a los colegas, sugiriéndole cosas a los productores, etc, cuando en realidad el ?Chueco? está tomando sol en La Paloma desde hace más dos meses sin que nadie lo haya notado.
Lo que va a importar en definitiva es el nombre y el poder acumulado, porque el resto de las cosas las realizará un ejército desconocido de gente.
De progresar esta propuesta, es probable que en ocho años nos encontremos con extraños en la calle que nos digan:
-Hola mi amor, te quiero tanto, me hacés tan feliz con tus cartas...
al rato un tipo señalándonos:
-¡Usted me echó de la empresa hace 3 años y nunca se lo voy a perdonar!
pasar por la esquina y que nos griten:
-Siempre con excusas, ¿cuándo vas a venir al asado?
un joven que nos felicite:
-Buenísimo el power point que me enviaste.
o bien, ver en un kiosco revistas con su cara en la portada y el título:
-Sus confesiones. Lo que nunca dijo.
Culmino con una simple pregunta:
¿No se les estará yendo un poco la mano?