Llegué en un vuelo a Santiago y de allí en bus a Viña del Mar. Bonita, Viña, llena de flores como siempre. La primavera lucía sus colores en las plazas y los balcones. Fue una fiesta recorrer sus calles, donde los edificios modernos custodian las avenidas; la temperatura, tan agradable, hace una muy placentera la estada.
Valparaíso, la ciudad que nunca fue fundada, y sin embargo, es pura historia, contempla al Pacífico desde los cerros. Sus miradores; los ascensores, y La Sebastiana, la casa de Neruda sobre uno de los cerros, son algunas de las cosas que hacen que Valparaíso sea única e inolvidable. Luego la vuelta a Santiago y desde allí el vuelo hacia el Sur, con destino a Balmaceda.
La llegada a una muy pura Patagonia chilena, tan distinta de la nuestra. Allí los vientos húmedos del Pacífico chocan contra la Cordillera y descargan las lluvias en sus laderas, lo que torna el paisaje en un magnífico paraíso verde. Las flores de los lupinos nos acompañaron kilómetros, y las praderas cubiertas de flores parecen un inmenso jardín diseñado por expertos paisajistas. Las nalcas con sus enormes hojas caen sobre la carretera y las cañas colihues, en grandes manojos, parecen plumeros gigantes saliendo del verdor de los bosques.
Coyhaique, con su plaza en forma de pentágono, su serenidad, su arquitectura tan del Sur y el encanto de su gente hacen que ésta sea una pequeña joya chilena. Puerto Aysen, encantadora y sumamente cuidada; Puerto Chacabuco, con muelle de atraque para embarcaciones de gran calado. Los molinos de viento en los cerros cercanos a Coyhaique; los campos cultivados, y la vista de la ciudad de Coyhaique desde lo alto de los cerros es algo que queda grabado en el alma. Después la ruta austral atravesando el Parque Nacional Queulat, bellísimo, cubierto de una vegetación increíble, y su ventisquero colgante nos lleva hacia Puyuhuapi, pequeño pueblo recostado sobre un fiordo con casas de cuento de hadas.
Luego el cruce del fiordo hacia Bahía Dorita, lugar de enclave de las termas de Puyuhuapi, con su hotel y spa de construcción netamente alemana, rodeada de un espeso bosque y asomándose al mar, conforman un paisaje de ensueño. Más tarde, otra vez el cruce y el regreso por la ruta en medio de una lluvia muy intensa, pero que es parte del paisaje costero del sur de Chile. Coyhaique, Balmaceda, Santiago y el pensamiento puesto en un pronto regreso para seguir recorriendo la Carretera Austral chilena.