A lo largo de los meses y los años, los vínculos amorosos sufren altibajos y encontronazos naturales que los ponen a prueba y, a menudo, los fortalecen. Pero a veces la intensidad o frecuencia de los conflictos o desavenencias, impulsa a la pareja a preguntarse si vale la pena seguir adelante.
“Al principio todo iba fenomenal. Sentíamos que éramos el uno para el otro, que estábamos predestinados a envejecer juntos. Vivíamos una maravillosa historia de amor, un cuento de hadas. Pero últimamente algo no va bien. Antes sentíamos que estábamos muy unidos, pero ahora, a veces, nos separan enormes distancias, abismos y silencios… ¡no se qué hacer! (…)”.
Testimonios como éstos, muy frecuentes en las consultas de los psicoterapeutas de pareja, ponen en evidencia la encrucijada que atraviesan algunas uniones: ¿Qué es lo que nos ocurre? ¿Nuestra relación realmente funciona y es satisfactoria?
Peleas habituales. Dificultades sexuales. Rutina y aburrimiento. Conflictos domésticos… Ante estas realidades el día a día de muchas parejas suelen oscilar entre el cielo y el abismo, que les confunden.
Hay que decidir qué hacer, y además lo antes posible. Pero las cosas no suelen estar muy claras.
La salida depende de cada situación, una de las tácticas más eficaces para aclararse y salir de la disyuntiva, y tener presente las opciones de que se dispone consiste en analizar cuidadosamente la realidad que vive aquí y ahora la pareja, en lugar de la que le gustaría tener o la que tuvo alguna vez.
Hay que comprobar si la relación significa lo mismo para los dos; puede que para uno la pareja equivalga a “estabilidad y comprensión”, mientras que para el otro la pareja sea sinónimo de “pasión, aventura, vivir al día”, según los expertos.
También a veces “es útil tomar distancia de la situación y mantener una separación temporal para darse un tiempo para pensar si se quiere o no continuar con la relación y así poder ver las cosas con perspectiva para aclararse y decidir”.
Pensando en soluciones, buscando salidas
Para decidir si vale la pena continuar con la relación o conviene terminarla, los psicólogos aconsejan hacerse algunas preguntas clave: ¿Estoy dispuesto a hacer todo lo posible para resolver los conflictos? ¿Si pongo fin a la relación tendré posibilidades de establecer un nuevo vínculo sentimental? ¿El deterioro de la relación se debe más a motivos prácticos de convivencia que a razones emocionales? ¿Los beneficios de seguir con la relación superan a sus costes?
La mayoría de las parejas tropiezan con problemas similares, que se transforman en bolas de nieve que aplastan la relación si progresan pero pueden solucionarse si se atajan al principio, dialogando y trabajando juntos.
“Ante la falta de comunicación, hay que aprender a escuchar e informar de forma adecuada, interesándose en lo que diga el otro, sin remontarse al pasado ni recurrir a generalizaciones, sin quejarse ni leer los pensamientos del otro”, dicen los especialistas.
Otro punto que causa roces es el reparto de las tareas domésticas. Por ello, “es aconsejable que colaboren los dos, analizando primero qué tareas de orden y limpieza gustan más o menos a cada uno y cuáles detestan y después distribuyendo el trabajo, respetando la manera de hacer de cada uno”.
Para cuando los conflictos se producen en la cama, los expertos proponen una acción directa: “hay que hablar claramente sobre las preferencias, fantasías y frecuencias sexuales, sin pudores ni tapujos; muchas veces la falta de deseo obedece a una falta de conocimiento de las necesidades mutuas. Todo está permitido, siempre que ninguno se vea obligado a hacer lo que no le apetece”.
Para finalizar, recomiendan que “si los problemas de pareja se deben a la rutina y aburrimiento, hay que tener presente que después del estado de gracia inicial, o enamoramiento, que dura de cinco meses a dos años, suelen aparecer la rutina y el tedio. Darse mutuamente pequeñas sorpresas y seguir descubriendo las facetas del otro, pueden ser buenos remedios para la apatía y la desgana”.