El Costa Pacífica es una nave dedicada a la música y con un spa de 6000 m2. Sus 114.500 toneladas, 12 pisos y más de 300 metros llegarán por primera vez a aguas sudamericanas durante el próximo verano
A BORDO DEL COSTA PACIFICA.- Los viajes en crucero despiertan fantasías. Hay quienes se dejan llevar por la mismísima magia del cine, la que transforma a estos enormes barcos en escenarios de las más disímiles situaciones. Sin duda, y a pesar de su tinte trágico, la carga de la imagen de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en la proa del Titanic se mantiene intacta.
"Quisimos reafirmar nuestro amor", confiesa en un inglés no muy fluido Stephanie (36), una alemana de Heidelberg que festeja su primer año de matrimonio en el Costa Pacífica, el barco de la música. "Nos pareció romántico amanecer cada día en una ciudad diferente", asegura Elger (42), el hombre que la sorprendió con los pasajes en la mano para recorrer en este viaje puertos como los de Marsella, Valencia y Lisboa.
Fantasías. Salpicón de ciudades. Cambios de escenario. Un suvenir y el recuerdo de un lugar al que da ganas volver. El barco tiene sus tiempos y los pasajeros responden a las pautas porque saben que la experiencia del crucero va más allá de los puertos que toca. "Somos como pasajeros en tránsito", reconoce Josef (55), uno de los tantos alemanes dispuesto a abordar el Pacífica en el puerto de la bella ciudad italiana de Savona.
En clave de sol
Decorado totalmente con notas e instrumentos, el Pacífica -la mole de 114.500 toneladas, 12 pisos y más de 300 metros- está dedicado a la música y su diseño interior da cuenta de eso. Concebido por Joseph Farcus, la nave busca sumergir al pasajero en una especie de viaje musical. Invitación que cobra fuerza a través de los sonidos propuestos por el maestro italiano Mauro Pagani, que identifican cada sector del barco (Adagio, Mood, Groove, Swing, entre otros). Pero, sin duda, uno de los platos fuertes del crucero es el estudio de grabación. donde todos se pueden dar el gusto de registrar su propio CD. La propuesta incluye unos 700 éxitos, con acompañamiento pregrabados.
Ya en el camarote con balcón exterior revisamos las actividades diarias que ofrece el Today (boletín que cuenta las propuestas del día, el estado del mar, la temperatura y el puerto futuro). Desde sus páginas, el capitán Giacomo Longo comunica que a las 8 el barco arribará a Marsella y que a las 13 zarpará hacia Valencia (345 millas náuticas).
Marsella, ciudad mediterránea con 2600 años de historia, ofrece infinitas maneras de conocerla. Sin embargo, el tiempo no corre a favor de los habitantes del Pacífica. Así que se recomienda adquirir las diversas excursiones que se ofrecen desde las oficinas del barco o simplemente elegir -sin dudar- una ruta para echar una rápida mirada a la metrópolis que cuenta con más de 300 días de sol al año y exquisita gastronomía.
Entre las visitas obligadas se encuentra el Vieux Port, el puerto viejo con sus 3500 anillos de amarres, cuya entrada está protegida por el fuerte Saint-Nicolas y el Saint-Jean. Quienes estén dispuestos a una intensa caminata no deben dejar de visitar la Notre-Dame de la Garde, la imponente basílica consagrada en 1864, que se alza sobre una colina y ofrece una vista de una Marsella inolvidable: de un lado, el mar con las islas del Frioul y el viejo puerto; del otro, la ciudad enmarcada por un círculo de montañas.
El servicio de micros para retornar al crucero espera. El último bus parte a las 11.45, lo que se recomienda a cada uno de los pasajeros cumplir con los horarios estipulados. Ya a bordo del Pacífica queda el recuerdo de la urbe francesa y se acrecienta la emoción de lo que está por venir.
Un mar agitado hamaca al gran barco que se mueve sobre el golfo de León y que por la noche, cerca de las 20, girará sobre el cabo San Sebastián, sobre las costas españolas.
"La gente está ávida de historias", reconoce Longo, el comandante nacido en Génova, Italia, protagonista absoluto de la noche de gala, ésa en la que comparte junto a su tripulación la atenta mirada de los pasajeros. La cita está dividida en dos turnos, en el Teatro Stardust. El primero es a las 17; el otro, a las 19.30. Desde temprano, el barco se viste de fiesta, y el desfile de vestidos largos y trajes de etiqueta copa cada rincón de la nave.
Febo asoma a las 6.52. Una hora más tarde, el barco tocará tierras españolas. Tras un suculento desayuno, buena parte de los pasajeros espera ansiosa el arribo a Valencia. El primer micro que recorrerá los 4 kilómetros que separan el puerto de la ciudad parte a las 8.15. Pocas son las horas para descubrir una de las ciudades más pobladas de España en la actualidad. Urbe que da cuenta de valiosos testimonios del pasado a través del casco antiguo y un corazón arquitectónico proyectado en el futuro que se sitúa en el complejo de la Ciudad de las Artes y de la Ciencia.
Un recorrido imaginario a través de los siglos y la historia nos lleva a la Lonja, antigua bolsa de la seda, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, frente a un mercado lleno de color, donde el jamón serrano es protagonista absoluto. Cerca de allí está la catedral, conocida como La Seu, que representa todavía hoy el centro de la vida religiosa, cultural y cotidiana de la ciudad.
Construida sobre una antigua mezquita, la catedral y su torre de Miguelete son uno de los símbolos de la metrópoli. Los amantes de los parques marinos no deben dejar de recorrer el Museo Oceanográfico, una de las atracciones turísticas más importantes de la península ibérica. El alquiler de bicicletas es una opción para conocer sus calles y jardines que como bien dice la canción popular, Valencia es la tierra de las flores, de la luz y del amor.
Más de 196 millas náuticas separan Valencia de Lisboa, Portugal. Costeando la España meridional, el barco volverá a tocar tierra en 42 horas.
Puro bienestar
Inaugurado simultáneamente junto al Costa Luminosa en Génova, en junio de 2010, el Pacífica ofrece, además de un festín musical a través de su 13 bares, discoteca, teatro, clases de guitarra y batería, un espacio orientado al bienestar físico y emocional, el Samsara Spa. La tentación de visitarlo es aún mayor durante un día de navegación total.
"Voz sánscrita asociada con el camino hacia la ilustración espiritual y la felicidad absoluta", define la naviera a Samsara, el espacio con vista al mar, uno de los spa más grandes a bordo con más de 6000 m2 de superficie total y dos niveles de altura con cabinas con acceso directo y un restaurante de extenso y saludable menú.
Una infusión de flores exóticas, en la casa de té japonesa, reconforta a quienes dieron sus primeros pasos por el ritual de purificación y están decididos a continuar con el circuito que incluye el Templo de la Paz, la ducha cromoterapia, el baño oriental de eucaliptos y el recinto romano de piedras calientes. El hidromasaje espera con agua salada. Y tras disfrutar de ciertos caprichos están quienes buscan el salón de belleza para alguna terapia facial, de cabello o un intenso tratamiento blanqueador de dientes. La oferta continúa con sesiones de yoga o un circuito por las llamativas máquinas del gimnasio que esperan de cara al mar.
Historias de vida
Como si se tratara de una gran ciudadela, en el Pacífica conviven 3780 pasajeros de los más disímiles orígenes con tripulantes de 69 nacionalidades.
Historias de vida que se cruzan entre los visitantes, y hombres y mujeres que viven en alta mar entre 6 y 8 meses, para volver con los suyos y pasar 2 meses en casa. Los más jóvenes abordan en busca de experiencia, como el caso de Joaquino, el napolitano que ante la presencia de los argentinos no deja de cantar canciones de cancha dedicadas a Diego Armando Maradona. En cambio, otros se embarcan por el buen dinero y así mantienen a la distancia a sus familias. Es el caso de Junrey, de Filipinas, uno de los maîtres, y Jorge, de Honduras, asistente de cocina que transita por su décimo viaje.
En su mayoría, los tripulantes manejan como mínimo dos lenguas, la de origen e inglés. Hay quienes, orgullosos en sus uniformes, muestran por lo menos cinco prendedores con diferentes banderitas de países que indican las lenguas con las que son capaces de comunicarse. Es el caso del español Jairo Fernández (29), anfitrión de crucero que habla castellano, inglés, francés, italiano, alemán, portugués y algo de griego. "Vivir en el crucero es como ser parte de un Gran Hermano internacional. No hay escapatoria", reconoce con humor.
Como toda gran familia, convivir en el barco tiene sus problemas. "Y también sus historias de amor -reconoce la austríaca Ingrid Happ, directora de hotelería-. Tanto en lo bueno como en lo malo pasamos muchas horas juntos. Son horas de trabajo y también de relax."
Una noche de mar agitado nos acercó a la mágica Lisboa. Ciudad de contrastes, cuyas calles están impregnadas por los poemas de Fernando Pessoa, Luis de Camões y la irreverencia de José Saramago. Las voces de Amalia y Misia, dos fadistas que hicieron canción a Lisboa, dan marco a la capital que fue fundada por fenicios, ocupada por griegos, cartagineses y romanos. Intensidad de colores dan esplendor a un sinfín de calles empedradas, estrechas, que suben y bajan serpenteantes y que vale la pena recorrer a bordo del tranvía 28. Entre los tantos imperdibles se encuentra la Torre de Belém, ex libris de la ciudad; también la Baixa, el corazón comercial de la capital portuguesa que fue totalmente reconstruido después del gran terremoto de 1755. Edificios color azafrán rodean la Plaza del Palacio, un camino ameno que llega hasta la Rua Augusta.
Esta noche, las luces del crucero se reflejarán en el mar y según el Today el océano volverá a estar un poco agitado. Eso parece no molestar a Joaquino, que al despedirse vuelve a rendir tributo a Diego con sus canciones y el recuerdo de cada gol con la camiseta celeste. "Nápoles tiene tres cosas hermosas: el golfo, El Vesubio y... Maradona."